• Visita guiada por lugares insólitos de Bruselas

    28 de octubre de 2018

  • El guía belga, Joel Decerf, nos invitó a descubrir una visión de la Bruselas que se ha ido marchitando lentamente.
  • Bruselas es capital belga, europea, centro de instituciones pero también residencia de príncipes desde la Edad Media, lugar de reunión de las grandes familias alrededor de su duque, rey o emperador.

    Caminamos con Joel en busca de rastros de palacios antiguos y mansiones de cortesanos y nobles en la parte alta y baja de la ciudad. ¡Otra visión de la ciudad digna de asombro!

    Citados en la entrada del museo Belvue, en la plaza de los palacios a las 10 de la mañana de un frío día de otoño, empezamos por descubrir esta mansión que fue un prestigioso hotel para nobles y millonarios durante 130 años, hasta 1905. Por sus habitaciones pasaron, entre otros, Honoré de Balzac, Franz Liszt, el rey Eduardo VII de Inglaterra, el emperador Guillermo I de Alemania, el emperador Alejandro II de Rusia, los reyes de Italia, de Suecia, de España, de Dinamarca, James Rothschild, Sarah Bernhardt, etc. Pasó después a ser residencia real, y en 1927 nació allí la princesa Josefina Carlota, hija del rey Leopoldo III, que sería la gran duquesa de Luxemburgo. En 1977, el palacio se convirtió en museo de muebles y porcelanas.



    Luego, Joel nos llevó al parque frente al Palacio Real, que es de diseño francés pero sus caminos se desordenan un poco para pasar a ser de diseño inglés, escondiendo lugares mágicos como el que nos mostró bajando una cuesta, donde hay un pequeño busto de Pedro I el Grande de Rusia porque allí cayó enfermo. Enfrente, hay una estatua de una mujer de cuerpo entero yaciendo sobre un costado que representa a María Magdalena.

    Bajamos por las escaleras que llevan a BOZAR y nos mostró una casa de estilo brabanzón (con escaleritas en la parte alta de la fachada y de ladrillo rojo, como principales características) que es la única que queda de esta época en el barrio, cerca ya del Museo de Instrumentos Musicales. Y también una calle que ya no es más que un callejón sin salida y está como a nivel del subsuelo.

    Llegamos al Mont des Arts y entramos en la place des Musées donde se sitúa el Palacio de Carlos de Lorena, uno de los pocos palacios principescos que testifica en Bruselas la Ilustración. Reformado y ampliado por el gobernador Charles-Alexandre de Lorraine (1760) a partir de una vieja mansión medieval perteneciente a la familia Orange-Nassau, está ubicado en el distrito de la Corte, un poco por debajo de la Place Royale. Las transformaciones del siglo XIX han integrado la fachada palaciega original en un conjunto arquitectónico que ha imitado su estilo y ahora se conoce como la Place des Musées. Sin embargo, sigue siendo la original entrada semicircular del palacio la que atrae todas las miradas. Nos contó Joel que los coches de caballos entraban por un extremo del semicírculo y salían por el otro para permitir a los pasajeros bajar a cubierto y subir directamente al primer piso. Parte del edificio alberga desde 1804 la iglesia protestante de Bruselas, donación de Napoleón I.

    Salimos a la Place Royale donde destaca la iglesia de Saint-Jacques-sur-Coudenberg, construida entre 1776 y 1787, y que forma parte de un conjunto de nueve edificios neoclásicos que conforman el perímetro de la plaza. Joel comentó que la orientación de la iglesia tuvo que ser modificada (girada) para que encajara armoniosamente en la plaza. Actualmente es la sede del ordinariato militar de Bélgica.



    Subimos luego por la rue de Namur para entrar a la Rue des Petits Carmes, cerca del Petit Sablon y del Palacio de Egmont. Allí se erige el antiguo cuartel de granaderos Prince Albert. Se trata de un enorme terreno de cerca de 6.000 m². Al edificio le hace falta una restauración. Lo mismo sucede con los edificios del patio del cuartel y de los que hay en la rue du Pépin. Aquí estaba situada la Mansión de Culembourg que el Duque de Alba hizo demolir en 1568 porque en ella tuvo lugar en 1566 el banquete de los «Gueux» (una placa sobre la fachada recuerda el acontecimiento). En 1612, se construyó ahí el convento de las Carmelitas descalzas (Petits Carmes) y una iglesia. Pero todo fue demolido tras la desaparición de la orden desde 1796 bajo la ocupación francesa. En 1815 se terminó la construcción de la prisión de mujeres (prison des petits Carmes) y en 1847 se le añadió una prisión de hombres. El lugar albergó en tiempos el Club Prince Albert, muy «british» y muy frecuentado por oficiales. A la derecha del portal hay una placa conmemorativa en honor a los 1600 granaderos caídos en la 1ª Guerra Mundial.

    Nos explicó después muchas cosas sobre la distinta disposición de las calles y casas al pasar los años y urbanizarse la ciudad. Había grandes terrenos que finalmente se fueron reduciendo al venderse y dar paso a calles con casas para la aristocracia, como sucedió en la rue aux Laines. Esta calle se llama así porque en la Edad Media estaba rodeada de terrenos que servían para el secado de la lana. A partir del siglo XIV se convirtió en lugar favorito de residencia de la nobleza. Aún pueden verse unas cuantas mansiones del lado impar de la calle como la de Lannoy o la de Merode-Westerloo. Del otro lado de la calle hay una serie de casas burguesas construidas en 1904-05 por el duque de Arenberg, propietario del vecino palacio de Egmont. El estado exterior de algunas casas de esta calle deja mucho que desear, aunque por dentro siguen estando habitadas. De hecho, una de ellas es la zona de almacén del Conservatorio de Música.



    El Palais d'Egmont, situado en el nº 8 de la place du Petit Sablon, tiene su origen en Françoise de Luxemburgo, viuda de Jean d'Egmont y madre de Lamoral d'Egmont, condenado a muerte por el duque de Alba en 1568. Estos edificios que conforman el palacio han sufrido distintas reformas y pasado por distintas manos. A señalar que en el siglo XVIII pasó a manos de la familia de Arenberg. En enero de 1892, la zona más antigua del edificio ─la capilla y una parte del ala derecha del patio de honor─ fue destruida por un incendio, y de esta parte, hoy sólo quedan unas columnas jónicas que se han colocado en el parque de Egmont (antiguos jardines del palacio). Tras el incendio, esta parte rue aux laines cambió totalmente de aspecto. El largo muro que se extendía del lado del parque fue demolido y cuando el duque de Arenberg cedió una banda de terreno a la ciudad para ensanchar la calle, hizo construir 26 casas. También se reconstruyó el ala derecha del palacio (1906-1910) en el mismo estilo clásico que la izquierda dejándolo ya con su fisonomía actual. Al final de la 1ª Guerra Munidal, el entonces duque de Arenberg, que era alemán, vendió el edificio a la ciudad de Bruselas por miedo de que se lo requisaran, y así el palacio perdió el nombre de Arenberg y volvió a llamarse Palais d'Egmont. Finalmente, debido a su costoso mantenimiento, la ciudad vendió el palacio al Estado (1964) y fue afectado al Ministerio de Asunto Exteriores. Una vez restaurado, hoy es lugar de celebración de grandes eventos diplomáticos. Por ejemplo, el 22 de enero de 1972 se firmó allí el tratado de adhesión de Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca a la ─entonces─ Comunidad Económica Europea.

    Aunque mientras Joel nos daba todas estas explicaciones recibíamos algún rayo de sol, nuestro termómetro corporal ya nos estaba pidiendo a gritos un caldito, así que sin más, agradecidos por haber recibido tanta sabiduría sobre los orígenes del reino de los belgas, nos despedimos esperando que para la próxima visita guiada ya haya pasado la ola de frío polar.

    Ana Lorente